El proyecto humanitario más exitoso de la historia
Vivimos en la época más saludable y longeva de toda la historia humana. Y, sin embargo, nunca habíamos desconfiado tanto de la ciencia médica.
Javier Coindreau · 5 feb 2026 · 7 min de lectura

¿Por qué tememos más a la medicina que a las enfermedades?
Vivimos en la época más saludable, segura y longeva de toda la historia humana. Y, sin embargo, nunca habíamos desconfiado tanto de la ciencia médica. Hoy se teme más a las vacunas que a los padecimientos que previenen, más a los antibióticos que a las infecciones que tratan y más a los medicamentos biológicos que a las enfermedades autoinmunes.
En todas las ramas de la Medicina Interna, el índice de cumplimiento de los tratamientos sigue siendo inferior al 50%, con cientos de miles de muertes prevenibles y enormes costos emocionales y de salud por falta de adherencia. Las razones: miedo a los efectos adversos, indiferencia o el hecho de que muchos padecimientos —como la hipertensión, el colesterol elevado o la diabetes— no "se sienten". Pero una de las causas más comunes es la comunicación deficiente entre médico y paciente.
Una causa más profunda
Propongo una razón más profunda. Muchos problemas de salud que diezmaban a la población en el siglo XXI ni siquiera los vemos.
Antes del siglo XX, más del 50% de todas las muertes humanas eran por enfermedades infecciosas. En la Edad Media, la esperanza de vida europea oscilaba entre 25 y 35 años. A inicios del siglo XX, la mortalidad infantil era de 1 de cada 5 niños; hoy es de menos de 1 de cada 100.
- La viruela mató a más de 300 millones de personas solo en el siglo XX.
- La difteria, el tétanos y la tos ferina hoy son prácticamente nombres en libros de pediatría.
- La tuberculosis —"la peste blanca"— cobraba una de cada siete vidas en Europa.
- La poliomielitis paralizaba cada verano a miles de niños. Hoy, gracias a una simple vacuna, está prácticamente erradicada.
Hace apenas unas décadas, un paciente con artritis reumatoide estaba condenado a dolor crónico y discapacidad. Hoy puede llevar una vida productiva y funcional. La hepatitis C es curable.
Actualmente, entre el 30 y el 50% de los cánceres son prevenibles. Los más comunes pueden entrar en remisión permanente en hasta el 90% de los casos si se detectan a tiempo.
Al no ver la enfermedad, no se le teme
Tuve el privilegio de visitar el laboratorio de Albert Sabin, creador de la vacuna contra la poliomielitis. El museo muestra fotografías de multitudes de padres haciendo fila para vacunar a sus hijos, porque veían la poliomielitis en otros niños.
Hoy, como ya no se ven esos casos, surgen movimientos que cuestionan la vacunación. Lo mismo ocurre con el sarampión: casi no se ven niños con encefalitis. Cuando se indica la vacuna contra el VPH, muchos dudan, precisamente porque el cáncer que previene ya casi no se ve.
En 1900, las principales causas de muerte eran neumonía, diarrea y tuberculosis. Hoy son las enfermedades crónicas del envejecimiento: cardiopatías, cáncer y demencia. Es decir, vivimos lo suficiente como para morir en la vejez.
La revolución del confort
No solo vivimos más: vivimos mejor. Hace un siglo, lo que hoy consideramos normal era un lujo impensable. Una ducha caliente requería cargar y calentar agua manualmente. El dolor se trataba con morfina o resignación. Las casas eran simples refugios contra el clima; hoy son verdaderos palacios de confort.
Esta sociedad que vive hasta la vejez y para quien el confort es casi un derecho pierde la perspectiva de lo que los Homo sapiens previos sufrieron por más de 150,000 años.
El rol del médico ante el miedo paradójico
El médico tiene un papel central en redirigir este temor:
- Escuchar el miedo sin juzgarlo. Crear un espacio seguro donde el miedo al tratamiento pueda expresarse. El médico no intenta convencer, sino comprender el origen del miedo.
- Restablecer confianza y significado. Reconstruir la confianza, no sólo en la medicina, sino en el propio cuerpo. "No tomas un medicamento para suprimir un síntoma, sino para recuperar tu proyecto de vida."
- Traducir la ciencia al lenguaje humano. El lenguaje técnico y las probabilidades abstractas pueden aumentar el miedo si no se contextualizan.
- Acompañar la decisión y el proceso. El miedo no desaparece solo con información, sino con acompañamiento. La adherencia se convierte en una consecuencia natural de la comprensión y el sentido.
- Fomentar autonomía y participación. Cuando el paciente siente que el tratamiento es su decisión, no una imposición externa, el miedo disminuye.
Conclusión
La ciencia médica no es perfecta, pero es el proyecto humanitario más exitoso de la historia. Temerla más que a las enfermedades que derrotó es olvidar que el progreso no fue un accidente: fue el fruto de generaciones que se negaron a rendirse ante el sufrimiento.
La próxima vez que dudemos de una vacuna o un tratamiento, recordemos algo simple y trascendente: somos la primera generación en la historia que puede vivir lo suficiente para morir de vieja.
Eso no es suerte. Es ciencia y medicina aplicadas responsable y humanamente.



