Diabetes: la emergencia que ya vemos como normal
El 80% de las muertes en el mundo occidental se deben a los cuatro jinetes: cáncer, infarto, demencias y complicaciones de la DM2.
Javier Coindreau · 5 feb 2026 · 3 min de lectura

El viernes se conmemoró el Día Mundial de la Diabetes, uno de los cuatro padecimientos que en Medicina de Longevidad se conocen como los "Cuatro Jinetes de la Muerte". El 80% de las muertes en el mundo occidental se deben a cáncer, enfermedad arterial coronaria, demencias y complicaciones de la diabetes tipo 2 (DM2). Además, la enfermedad arterial coronaria es una complicación frecuente de la DM2.
En México y América Latina, el problema va mucho más allá de la glucosa. Es una crisis de estilo de vida, de inequidad social y de sistemas de salud que reaccionan a la urgencia, pero no previenen a largo plazo. Las consecuencias son enormes: vidas acortadas, años de discapacidad, familias empobrecidas y sistemas de salud saturados.
Un entorno obesogénico que normalizamos
La raíz del problema es un entorno obesogénico y diabetogénico que hemos empezado a ver como "normal". En México, casi el 40% de los escolares tiene sobrepeso y más del 90% consume bebidas azucaradas de forma habitual. Un estudio publicado en Nature Medicine en 2025 estimó que en América Latina y el Caribe las bebidas azucaradas contribuyen a casi una cuarta parte de los nuevos casos de DM2 en 2020.
Cuando esta exposición temprana al azúcar se combina con pobreza, estrés crónico, sedentarismo y ciudades hechas para el coche y no para caminar, el resultado es predecible: más obesidad, más prediabetes y más DM2, a edades cada vez más tempranas.
La normalización es el verdadero problema
La mente humana normaliza casi todo: lo bueno, lo malo y lo inaceptable. Esta adaptación hedónica nos protege del sufrimiento, pero también nos vuelve ciegos a nuestros privilegios e insensibles a aquello que sí podríamos cambiar.
Como sociedad no sólo hemos normalizado la obesidad y la DM2: hemos normalizado no actuar. Sabemos que ciertos alimentos y el sedentarismo favorecen la DM2 y la obesidad. Pero no los evitamos porque ya forman parte de nuestra cultura cotidiana. No es falta de información: sabemos perfectamente qué hacer, pero elegimos no hacerlo, día tras día.
La consciencia de que estos padecimientos crónicos son evitables podría mejorar nuestra forma de vivir. Y la mejora en calidad de vida que los cambios causan podría ser la motivación para ejecutarlos.
No veamos como normal aquello que nos daña. Cuidar la magnificencia de cada día que pasamos en este mundo es una muestra de amor a nosotros mismos, a la vida y a quienes amamos.



